La presencia de Kaká hizo que Aragonés, justo cuando se cumple un año del triunfo de España en la Eurocopa, pasara completamente inadvertido.
Un año justo, para que ganais? si no sabeis como se hace
La presencia de Kaká hizo que Aragonés, justo cuando se cumple un año del triunfo de España en la Eurocopa, pasara completamente inadvertido.
Un año justo, para que ganais? si no sabeis como se hace
Hoy pensaba decir horrores de Sálvame (Telecinco), pero mejor matizo. Tal vez sepan que el reconocido cineasta Almodóvar, aparentemente molesto porque su última obra no ha provocado un embeleso universal, se ha quejado de que este diario enviara a su crítico de cine, Carlos Boyero, a hacer críticas de cine en Cannes. De paso, ha expresado su disconformidad con que el jefe de Cultura, Borja Hermoso, sea jefe de Cultura. Y, lo peor: ha llamado al director, y el director, que probablemente estaba ocupado con su trabajo de director, no ha podido ponerse al teléfono. El acabose.
Según están las cosas, prefiero no exponer mi opinión personal sobre Sálvame: podría mosquearse Jorge Javier Vázquez y pedir que me echen, o acusarme de no haber visto todas las emisiones del programa (cosa que, lo reconozco, sería cierta). En lugar de opinar, hagamos crítica seria. Digamos que Sálvame, un meta-reality construido sobre estructuras autorreferenciales, lanza una mirada irónica sobre ciertos programas de Telecinco; constituye un desarrollo coherente de obras anteriores, como Aquí hay tomate, manteniendo un similar tono narrativo (con claros homenajes al situacionismo), pero reduciendo el ámbito argumental y elevando a los personajes a un nivel simbólico, casi totémico. Otros dirán, quizá, que se trata de un simple reciclaje de basura. Quede claro que yo podría pensarlo, pero en ningún caso me atrevería a expresar un juicio tan personal y subjetivo.
Quede clara otra cosa: aunque no me gustara el terreno en que se mueve Vázquez, el tipo es un animal televisivo. No le conozco personalmente (una vez nos comunicamos por correo electrónico), pero sospecho que sería capaz de hacer programas sobre casi cualquier cosa. Telecinco le encargó que salvara las sobremesas de la cadena, en caída libre desde el fin del Tomate, y le proporcionó unos materiales determinados. A juzgar por las cifras, ha cumplido la misión. Con un programa horroroso (ay, lo he dicho) y, sin embargo, efectivo.
Aposté públicamente una cerveza a que fracasaría. La tiene pagada donde quiera.
Últimamente sueño casi todas las noches con negros traficantes de droga de Baltimore ¿Debería dejar “The wire”?
¿Cree que conseguirá sueños mejores si deja “The Wire”? No se arriesgue y siga con la serie. O aún mejor: hágase, en sueños, traficante en Baltimore.
No es lo que pensabas Cuando fuiste tú quien empezó Obtuviste lo que querías Ahora apenas lo puedes soportar, sin embargo Por ahora, tú sabes que esto no va a parar No va a parar Hasta que tú lo pilles Estas segura que existe una cura Y finalmente la has encontrado Piensas que un trago Te llevará a la tumba Y vivirás abajo, pero esto no va a parar No va a parar Hasta que tú lo pilles Prepara una lista de lo que necesitas Antes de que firmes con la muerte Porque esto no va a parar No va a parar Hasta que tú lo pilles No, no va a parar Hasta que tú lo pilles
Fue hace millones de años, y sigo avergonzado. Nadie debe decirte que no hay que arrepentirse. Utiliza ese arrepentimiento, úsalo para lo que quieras. Puedes usarlo, ¿sabes?
Sigues como un diablo perdedor. Finges dormir como un bebe y no haces otra cosa que retorcerte sobre un colchón de cristales rotos. Hueles como una mofeta, y das pasos de galán.
Corre hacia el oeste, dime que tú lo elegiste. Convénceme, si puedes, de la diferencia de huir a lo que tú haces.
Mírame una sola vez y comprenderás que no quiero ni atacar.
Búscate un bolsillo. Ya no me trago tus miserias. Lejos de un infierno y me hablas de dolor. Pones cara de éxtasis y solo es un pasatiempo. Me das una pasado de cartón piedra, y me miras con tu cara de poker. Ahora yo volveré a creer en ti. Brindaremos una vez más, un brindis al solo. No hay compromiso, y de nuevo el carrusel comienza.
No pasaré un solo minuto junto a ti. Hueles. Mis manos no rozarán el barro por ti.
Ahora es tu empleo. Gánate el sueldo.
Bienvenido a una sala perdida, a un instante que no se salva. La memoria comienza con cada uno. Como una vena tras tu nuca, y como un sueño que se pierde por la acera mojada.
Una calle que no vio sol ninguno. Un lugar precioso para visitar. Un rincón húmedo poco confortable.
Espinas que se alojan cerca de mi corazón, se contraen una vez más. Y pierdo el motivo de saber cuando aflojar. No florezco y me torno pálido. Romo me tumbo sobre mi lado más blando, una vez más.
Por ti veo mis heridas. Subo a la cima y caigo de nuevo. Busca dentro y en ti. Dime como siempre hago para perder el equilibrio.
Y dentro de mi esa espina que me retiene. Fuera de mí habrá más. Miro, y pierdo. Golpeo, y sufro. En una actitud cobarde me refugio en mis razones. Embosco mis sentimientos lejos de todo brillo.
Pido un solo instante de paz, quiero abrir mis ojos y no ver dolor.
Doy mi mejor versión, mi mejor cara que oculta el desanimo. Sin lucro y con despecho arruino mi ser. Y la espina hunde más su aguijón. El centelleo de mis labios te deberían hacer dar marcha atrás. Por ti todo es una cúspide, dentro un hoyo que solo he convertido en hogar.
Rebusco sobre mí, y nada hay. Solo quiero ser como quien no seré. Cuando nada quede, veré la espina atronar junto a mi corazón. Desgarrará. Con desprecio e incesante afán hará un irrecuperable destrozo en mí.
Para quienes duermen en algún andén, quienes no temen ser vagabundos o nómadas. No importa la etiqueta.
Solo conoces el olor a gloria desde lo alto de la tarima. Y aquí voy otra vez. De nuevo en la carretera, de nuevo sobre el escenario. Allí voy yo, a empezar de nuevo.
Soportare vítores y despechos. Opiniones e insultos. Seguiré con paso firme los caprichos de mi naturaleza, un mortal con sed de gloria.
Ese olor me recuerda donde estoy. Voy de nuevo a lanzarme contra todos.
No será rápido, y no será suave.
Fabricaré un instante eterno. Por que de nuevo me subiere a la madera. Allí voy de nuevo.
La paranoia es típica del narcisista frustrado. Ve en los demás sus propios defectos, que no es capaz de asumir, y acaba sintiéndose rodeado de enemigos, peligros y mensajes cifrados. Conviene no confundirla con la susceptibilidad. No sé de qué se trata en este caso. Confío en que sea simple susceptibilidad. Pero yo también empiezo a captar mensajes ocultos. Me explico. ¿Están familiarizados con las teorías freudianas acerca de los excrementos? Dice Freud que el bebé relaciona el excremento, lo primero que es capaz de producir por sí solo, con los deseos del Otro (la madre), porque es el Otro quien le instruye en la necesidad de hacerlo y, más adelante, en la necesidad de hacerlo sólo en determinados momentos y lugares. Piensa que su evacuación intestinal produce placer en el Otro, y acaba identificando el excremento con algo maravilloso. Seguramente he leído mal a Freud, no me hagan mucho caso. De todas formas, el psicoanálisis identifica el excremento con la riqueza y, más en concreto, con el dinero.
Dicho esto, ¿no ven ustedes un clarísimo mensaje subliminal en la actual temporada de Supervivientes? El concurso exótico de Telecinco está dominado por la caca. Ése es el gran tema de conversación de los infelices de la isla: si hoy han defecado ya tres veces, si ayer cuatro… Entre tanta diarrea, se nos informa de que el superviviente Santi debe abandonar la isla porque sólo ha defecado dos veces en dos meses. Carezco de formación médica, pero me parece poco.
Llámenme paranoico, si quieren: empiezo a convencerme de que este Supervivientes no es más que un gran quejido onírico, un grito que surge del subconsciente de los directivos de Telecinco. En plena caída de la publicidad y de los beneficios, es decir, en pleno síndrome de abstinencia por la reducción del dineral que ganaban antes, uno de sus programas se vuelca en la cuestión excrementicia. Está clarísimo, ¿no? Es como un llanto secreto por la pasta perdida. O quizá no. En ese caso, disculpen. Será que yo también me he vuelto susceptible, o paranoico.
Woody Allen dice que el sexo sólo es sucio cuando se hace bien. Lo mismo suele ocurrir con el periodismo: sólo es sucio cuando se hace bien. Me refiero al Daily Telegraph y a su exclusiva sobre las fraudulentas notas de gastos que, durante muchos años, los parlamentarios británicos han colado al erario público. El asunto ha expuesto ante el electorado la catadura moral de sus representantes. Se trata, sin duda, del scoop del año.
¿Excelente investigación periodística? Nada de eso. Parece que un funcionario de Westminster, harto de tramitar infamias, grabó las notas de gastos y las puso en venta, a través de una empresa de seguridad. El bombazo fue ofrecido a varios periódicos, que no captaron la potencia del material u ofrecieron cantidades ridículas. El Telegraph se animó y puso sobre la mesa 300.000 libras: investigación concluida. Así han sido siempre las cosas. Las grandes exclusivas proceden de un funcionario despechado, como el Watergate, o de un funcionario despechado que busca dinero, como en este caso. ¿Creen ustedes que alguien con un material valioso en las manos lo regala porque sí? Ya hemos dicho en alguna otra ocasión que el periodismo de investigación pesca en agua sucia y se ve obligado a mancharse las manos: todo sea por el lector y por el negocio.
A veces he sostenido la teoría de que un periodista independiente en un ámbito digital, libre de los compromisos políticos y económicos de la empresa periodística clásica, tendría más credibilidad que un periodista asalariado y, por tanto, atado a los compromisos de sus dueños. Sigo pensándolo. Ahora bien, ¿credibilidad, para qué? Pues para opinar sobre el mineral desenterrado por otros, los de la industria clásica. Mi teoría queda seriamente dañada al entrar en contacto con la realidad. El día en que un medio digital, o un simple blogger, puedan sacarse del bolsillo 300.000 libras, euros o dólares para comprar una información de extraordinaria relevancia habremos llegado al futuro. Que, según se deduce, será muy parecido al pasado.
Te sientas al borde del abismo, te devuelve la mirada. Te hace ese favor, te pide saltar. Te pide volver, debe ser como antes. No es un infierno, es tuyo. Estas en el y no sabes como salir. La tregua quiere terminar. Como termitas que salen de la madera. Te pide girar y mirar. Vuelves a mirar, te devuelve la mirada. Es tu vida, es tu estilo, ese abismo te pertenece. Tómalo, solo una vez. No lo harás mas, ¿verdad que no?
Como una cara sin ojos. Pero que te penetran, que saben donde estas. No hay oscuridad. El abismo es la luz. Corre a esconderte. Te seguirá allá donde vayas. Donde te ocultes, siempre estará oscuro. No es el abismo, eres tú. Ha sido tu vida, volverá serlo. No te amilanes, avanza. Vuelve tu cara y míralo. Es tu cueva, tu humedad. Tu vergüenza.
Respiras y suspiras. Quieres retarlo una sola vez más. Tu pasado drena tu presente. Excavando bajo tus pies. Perfora en tu rutina y te tienta. Sabes su olor, adoras su sabor.
Mira solo una vez, adelante. Súbete una sola vez. Dale su merecido.
Pides combustible, pierde tus sentidos. Ahoga tu mido. Entiérrate. Solo una.
Cabalga otra vez.
Tira tu tiempo. Aleja esa luz. Se un rey. Mídete con una estrella. Encuentra el sentido, esto ya no lo tiene. Ya sabes ver el prado, sabes ir sin mí. Vuelve, solo una vez. Llega hasta el final, estropea tu línea.